Torneo LXXXII: Jaime Rodríguez Lagunas

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Mi querida Tercera Fuerza: "La maldición de la tripa"



San Bartolo Coyotepec, Oaxaca a 13 de Febrero de 2025



La maldición de la tripa


De nuevo se me reventó la tripa, de nuevo al quirófano, y de nuevo no pisaré el campo del Eloy Martínez esta temporada. Es una especie de maldición, “La maldición de la tripa” se llamará.

En el béisbol profesional existen dos maldiciones famosas, la del Bambino y la de la cabra, pero en el plano provincial y amateur han de existir cientos o miles por doquier y la mía se llama: “la maldición de la tripa” acompáñenme a ver esta triste historia:

Llegué a la Liga Vasconcelos allá en los tiempos en que homenajearon al bigotes, mi buen amigo Don Sergio Guzmán, de ahí he caminado por el Eloy Martínez sólo en inauguraciones y homenajes, por lo tanto; más que de partidos, me acuerdo de homenajeados como Don Gabo el músico, Kitus, Toral, Vinny y Carlitos Castilla , Pillo Méndez, Dorantes, Don Crespo, Chito Ríos, Don Fer Aquino, Chong, Don Efra y casi todos los Cuervos, Chano, Brena, Hormiga, Calaca, mi amigo Chivero que casi le dan un batazo en el lanzamiento de la primera bola, Rorro, Don Jimmy, el Pana, Molina y etc., etc., etc., no recuerdo ni el orden ni a todos y obviamente a sus respectivos presidentes del señor Toral a Don Goyo.

Total que desde el homenaje a Don Sergio (no recuerdo que año fue) y entre operaciones quirúrgicas, un par de visitas a la Oaxaca, la crisis del 2006, la pandemia en donde por cierto mi equipo La Tortuga iba en caballo de hacienda invictos y en primer lugar pero “La maldición de la tripa” se hizo presente y nada mas no pudimos jugar los play offs y la final suponiendo que hubiera sido en el Eloy y digo suponiendo porque con Rojos de la Colonia Reforma del Sr. Molina llegamos a la final con la famosa China Hernández, Raúl Bautista , el Doc Memo, etc. pero nos mandaron al Che Reyes y perdimos vs los condenados Chivos. Mientras que con la Galera la final la programaron en el Toral, pero nos fuimos al tercer juego y nos cambiaron al Eloy, pero “La maldición de la Tripa” apareció en forma de desgarre después de jugar los dos primeros juegos en el Toral y pues nada mas no pude jugar el tercero ahí en el Eloy.

La “Maldición de la tripa” es un asunto serio para mí. Aprendes a caminar al lado de la pena, la tragedia, las intervenciones quirúrgicas y crisis sociales, las ganas de jugar ahí han ido menguando y ya casi me convencí que el ELOY y yo no nos llevamos bien.

Desde que llegué a la LEV he visto amigos casándose y divorciándose. He sido testigo de bautizos de los hijos de mis amigos y que ahora ya andan tirando lumbre incluso en 1ª fuerza. Santi Ramos y Beto Rodríguez fueron mis alumnos en primaria, he contemplado la marcha al camposanto de grandes personas y al bastardo de Trump llegar a la presidencia dos veces, pero yo nunca he podido jugar en el Eloy pero ni amistosos.

No me quejo, el Pedro Vázquez ha sido para mí un espacio privilegiado para jugar y divertirme, echar plática, memelas y cervezas, ver buenos juegos con más errores que carreras y sobre todo sentir la adrenalina de jugar la tercera base acompañado de la roca colosal que se asoma al lado de la almohadilla.

Mi Pedrito ha ido mejorándose paulatinamente: ya hay baños y gratis, ayer vi que pusieron refrigerador en la caseta, aunque me gustaban más las chelitas enfriadas en hielo. La gran roca de la tercera base ya no es tan majestuosa como hace diez años, el home plate me parece que sigue siendo como de piel de tiranosaurio por las escamas y arañazos que te pegas si te barres ahí y las malas lenguas hasta aseguran que las almohadillas del pedrito se llenan con aserrín y polilla de los vejetes que ahí jugamos es una belleza aunque a veces confieso que me da un poco de miedo porque es frecuente ver a los buitres y zopilotes dando vueltas sobre el campo mientras juego y peor aún cada vez más cerca, mientras que a lo lejos en el horizonte del Eloy se dibujan parvadas de garzas, guacamayas y golondrinas.

En el Pedrito el tiempo se detiene. Somos los que todavía estamos y están los que apenas van a ser. Los que necesitamos la aspirina no como droga pa´ correr sino solo para caminar y vivir. Los prófugos del asilo, los que sabemos que los hospitales, manicomios, paseos en la Alameda, el Canal 5, los aranceles de Trump y los domingos sin béisbol son lo peor.

Llegar al Pedrito, caerse allá, levantarse lleno de tierra y piedras, tragarse medio kilo de polvo con cal en el home eso sí que es lo mejor, los viejos perros cagando todo el campo, las estelas de polvo de los autos de los que llegan a cien kilómetros por hora, la zozobra de los ampáyeres de 3ª con sus extrañas zonas y reglas, los jugadores con valor natural que vencen al talento natural de la juventud, de pie a sus cincuenta, sesenta, setenta años, frente al pelotón de fusilamiento de uno que otro jugador extraviado de segunda o primera fuerza jugando en tercerita y que zumba bolazos insensatos a esos veteranos sin refacciones disponibles.

Y entonces la “Maldición de la Tripa” me acaricia con una espada más larga que una noche de tormenta caminado por las calles de Trujano en la madrugada. Me sumerjo en la rabia, me invade el maldito insomnio de no poder jugar, es un complot vs mí y “la maldición de la tripa” me enfurece, me pisa los talones. Estoy enloqueciendo, los domingos por la mañana me visto de beisbolista, voy manejando como autómata rumbo a San Bartolo y de pronto recuerdo que no puedo jugar, empiezo a tocar la bocina a todo mundo, tengo prisa de llegar a ninguna parte, mi alma violentamente infeliz enferma mis pasos que no van a nada. A nadie le importa, mis ganas de jugar se van al inodoro como la mierda, el dolor posquirúrgico me sacude y me aplasta, ya no quiero llegar a la primera base, mi deseo es llegar al retorno y regresar a la casa. “La maldición de la Tripa” me censura, considero mi fracaso y me retiro definitivo.

Algunos dicen que exagero, tratan de joderme nada más, hay suficiente ignorancia y odio para los que dicen que exagero… ¡Cuidado con aquellos que censuran con rapidez nuestra demencia por el juego de béisbol!. En otras palabras, el béisbol es la magia que perdura, el béisbol es una muleta, un baile, un sueño, una guerra, una teta, una frase bien escrita, una granada de fragmentación en forma de pelota de béisbol con el sol de frente, una cerveza, el horizonte del mar, un perrito fiel, un montón de todo y de nada, un almacén de anécdotas, un catálogo de decenas de logros con millares de derrotas. Una parranda y una maldita resaca que prometes nunca más volverlo a hacer y así cada domingo.

La “Maldición de la tripa” me acecha como verdad absoluta, pero está escrita en un pedazo de cartón, no me parece que sea ni testamentaria, ni constitucional, ni aniquilante, esta maldición y yo somos perro y gato, cura y ateo, mujer tóxica y alcohólico necio… se precipita hacia a mí, de alguna manera es una forma de mí, pero me rio en su jeta. No sé cuándo se termine la “Maldición de la tripa”, que carajos importa, el Muro de Berlín, el PRI, la maldición del Bambino, de la Cabra y del Cruz Azul cayeron.

Algún día jugaré en el Eloy, las termitas se están comiendo la “maldición de la tripa” escrita en un cartón de cerveza. ¡A quién le importa!.

Deambulo como zombi manejando de regreso a casa. Mierda tengo 54 años y ya no me repongo tan rápido. Es una maldición muy personal, habita en mi cabeza, en mi vida, a quien diablos le importa, y entonces regreso a mi casa limpio, sobrio y temprano.


Mariano Estrada

Manejando en el periférico, febrero del 2025
P.D. ¿Cuál es tu maldición?




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